sábado, 10 de abril de 2010

Verdades como puños

Hoy me he reído muchísimo leyendo un artículo de AnaitGames al que he llegado gracias a Menéame por lo llamativo de su título: "Verdades como puños: 10 juegos en los que tu novia te patea el culo".

¿Ya lo has leído? Tranquilo, espero.


¿Ahora si?
Bien, entonces seguimos.

En el mencionado artículo, he descubierto que no soy rara, simplemente no soy una gamer y necesito un tipo concreto de juegos para que la cosa funcione. Yo soy esa chica tipo de la que hablan, aunque no coincida con todos los juegos que mencionan. Entendedme, los Sims me aburrían profundamente (probablemente porque armonizar y decorar no son habilidades en las que destaque en la vida real) y los juegos de recoger items 2 tantos de lo mismo (porque tampoco me divierte recoger mi habitación, así que no le veo la gracia a recoger en una pantalla), pero yo soy esa experta en lucha intuitiva y escandalosa que no para quieta y no siente ningún tipo de vergüenza en cantar lo que sea o dar saltos sobre la tabla de la Wii. Solo me falta probar el "Super Mario Kars" que mencionan, para ver si le quito la manía a los juegos de carreras.

Pero con cualquier otro juego, un rollo. No les comprendo y parece que los chicos (y sobre todo si es tu novio o de tu familia) disfrutan dejándote sola con un mando y sin ningún tipo de indicación sobre qué hacer, enfrentándonos a un juego nuevo para nosotras, pero no para ellos. Y cómo se te ocurra preguntar Pero, ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿Cómo se juega? ¿Qué botón aprieto?, te contestarán con un lacónico: éste de aquí. ¡Y ahí te las apañes!

Claro, en este caso lo peor que puedes hacer es creerte lo que te dicen, porque ya están en modo batalla y tú eres su enemigo. Así que te darán las menos pistas posibles, aunque sin llegar a mentirte porque entonces, como te enteres, se la liarás, y si es tu novio lo que quiere es ganarte, no tener que disculparse por ello.

Doy fe de que la primera vez que jugué al Tekken (ya hace años), al principio solo usaba un botón para luchar porque realmente creí que sólo tenía que tocar ese, hasta que le dejé el mando a mi hermana y descubrí que las patadas extrañas que me lanzaba mi contrincante masculino las lograba porque... ¡usaba otros botones además del que me había dicho!

Si os preguntáis cómo no me dí cuanta antes, la respuesta está en nuestra mencionada actitud al jugar. Gritamos a la pantalla, a nuestros contrincantes, al muñeco con el que jugamos y apenas podemos estarnos quietas en el sitio, pero no somos capaces de apartar la mirada de la pantalla y no nos pidáis una opinión ajena al juego, ni hablemos de la raíz cuadrada de 25. Así que, hasta que no solté el mando y la sangre volvió a circular normalmente por mi cerebro, no me paré a pensar racionalmente en el asunto y pude descubrir que me habían omitido información fundamental.

Cosa que no sucede si, a quién vayamos a dar una paliza (sobre todo si es de lucha) es un amigo suyo, en donde todo son consejos, ánimos y reírse del contrario. Eso si no permanece en silencio hasta que termines de machacar al contrario, después de que le eches la mirada de la muerte por ponerte nerviosa con tanto "Golpea. ¡Salta! ¡Patada!".

Entonces será cuando descubras que no hay mayor afrodisíaco para un hombre que ver a su chica humillar de la forma más tonta (para ellos) a su mejor amigo. Bueno, si la hay. Que a quien venzas sea a ese "experto" con el que queda una vez al mes junto con el resto de sus amigos para jugar toda la tarde, y al que a partir de entonces recordará ese día entre risas.

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